{"id":4699,"date":"2020-01-30T11:31:11","date_gmt":"2020-01-30T10:31:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.graduats.org\/wordpress\/?page_id=4699"},"modified":"2020-01-30T11:32:04","modified_gmt":"2020-01-30T10:32:04","slug":"del-malestar-en-la-iglesia","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.graduats.org\/wordpress\/del-malestar-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Del malestar en la Iglesia"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Breves reflexiones<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Juan Jos\u00e9 Garrido Zaragoz\u00e1<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1.- \u00a0Hay un malestar tanto en la Iglesia como en los cristianos que podemos llamar constitutivo y que tiene su origen en la conciencia de la distancia existente entre lo que la Iglesia, y los cristianos est\u00e1n mandados a ser seg\u00fan el Evangelio y lo que de hecho son. Este malestar es sano, pues impide que tanto la Iglesia como cada uno de los cristianos caigan en el espejismo de considerarse perfectos y satisfechos de s\u00ed mismos, y hace posible que se renueven y se conviertan. Todas las reformas de que ha sido objeto la Iglesia a lo largo de los siglos de su existencia han nacido de este malestar. El que sean verdaderas o falsas reformas es otra cuesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero existe otro tipo de malestar de origen diverso. Es el malestar que hace su aparici\u00f3n en tiempos de dificultad, en situaciones hist\u00f3rico-culturales y sociales nuevas que suponen un reto para el cristiano y para la iglesia, y para su modo presencia en el mundo y de llevar a cabo su misi\u00f3n en \u00e9l. Este malestar surge cuando tienen lugar cambios profundos en la concepci\u00f3n del mundo y en los estilos de vivir, cambios que provocan las crisis del mundo en el que se vive.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ortega y Gasset dec\u00eda que una cosa es que en un mundo (esto es, en un sistema de valores, creencias, ideas, t\u00e9cnicas e instituciones) haya problemas o desajustes, y otra que el mundo mismo sea un problema, se encuentre desajustado. En el primer caso, afirmaba, se precisan soluciones; en el segundo salvaciones. Cuando se da esto \u00faltimo es cuando se habla de \u201ccrisis hist\u00f3ricas\u201d o tambi\u00e9n de cambio de \u00e9poca. El Papa Francisco reconoce esta situaci\u00f3n cuando dice que \u201cno estamos viviendo simplemente una \u00e9poca de cambios, sino un cambio de \u00e9poca\u201d (Discurso a la Curia romana 2019).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pues bien, todo indica que llevamos ya mucho tiempo sumergidos a uno de esos cambios profundos o crisis: se habla del final del mundo moderno, o de post-modernidad, o de modernidad radical (en el sentido de llevar hasta su extremo y conferir otro sentido a algunos aspectos de la modernidad como la secularizaci\u00f3n, autonom\u00eda, individualismo, pluralismo y multiculturalismo, tolerancia y relativismo, capitalismo consumista, globalizaci\u00f3n, etc). \u00daltimamente, y en pocos a\u00f1os, se han generalizado cambios muy profundos en el \u00e1mbito de los valores, de los comportamientos y estilos de vida, de las costumbres, etc.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estas situaciones de crisis repercuten inevitablemente sobre la Iglesia, sobre la fe y sobre los cristianos y antes o despu\u00e9s obligan a cambios, revisiones del lenguaje, renovaciones en el modo de ser y actuar de la Iglesia. Pero tambi\u00e9n producen malestar y desorientaci\u00f3n, en la medida en que crea la impresi\u00f3n de que la Iglesia en la que nos encontramos y la fe que profesamos ya no dicen nada a los hombres de hoy y que ser cristiano como hasta ahora ha sido parece cosa de otro tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En los a\u00f1os sesenta del siglo pasado la Iglesia hizo ya frente, con gran valent\u00eda y consciente de los riesgos que asum\u00eda, a esta situaci\u00f3n de desorientaci\u00f3n. Fue el&nbsp;<em>aggiornamento&nbsp;<\/em>del papa Juan XXIII y la convocatoria del Concilio Vaticano II sin duda alguna una apuesta arriesgada y valiente. El Concilio se propuso abordar los dos tipos m\u00e1s importantes de malestar se\u00f1alados: Primero, en la Constituci\u00f3n&nbsp;<em>Lumen gentium&nbsp;<\/em>reflexion\u00f3 sobre la Iglesia, su naturaleza, estructura y misi\u00f3n en el mundo con el fin de renovarse y ser lo m\u00e1s fiel posible al designio de su fundador; Segundo, y en la Constitucion Gaudium et spes se ocup\u00f3 del mundo y la sociedad. Expresando su voluntad de apertura y di\u00e1logo y reconociendo y asumiendo los valores positivos que presentan; reconoci\u00f3 tambi\u00e9n su justa autonom\u00eda e hizo suya la causa de la defensa de la dignidad humana. Especial importancia tuvo la aceptaci\u00f3n clara de la libertad religiosa, superando as\u00ed el concepto de tolerancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se esperaba y deseaba una primavera de la Iglesia. Pero muy pronto se experiment\u00f3 lo dif\u00edciles que son los cambios y los problemas que generan. Despu\u00e9s de los primeros entusiasmos fueron apareciendo nuevas dificultades, algunos desenga\u00f1os y no pocas cr\u00edticas. Es cierto que se renovaron muchas cosas, pero algunas voces dijeron que no las suficientes ni en la profundidad requerida; otros juzgaban, por el contrario, que se hab\u00eda ido demasiado lejos y se hab\u00eda desfigurado el genuino rostro de la Iglesia. Se dialog\u00f3 en todos los frentes con el mundo sus ideolog\u00edas y filosof\u00edas, pero \u00e9ste sigui\u00f3 con su marcha de secularizaci\u00f3n y alejamiento de los valores cristianos. Y con el tiempo se hizo patente una grave crisis eclesial y de fe en la que a\u00fan nos encontramos, creando en todos un profundo malestar. Una crisis y un malestar que no ha hecho m\u00e1s que crecer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2.- No necesitamos acudir a encuestas. Los vemos y experimentamos. Nuestras sociedades occidentales se muestran cada vez menos cristianas. Hoy, millones de hombres y mujeres de nuestros pueblos, que han sido bautizados, han recibido la 1\u00aa Comuni\u00f3n y la Confirmaci\u00f3n e incluso se casan por la Iglesia, de hecho viven, organizan su vida personal y familiar, hacen proyectos, trabajan, act\u00faan en la sociedad,&#8230; sin que en todo ello cuente para nada la fe cristiana, ni el Evangelio, ni Cristo. Su cristianismo, por decirlo de alguna manera, es inercial, reducido a unas pocas costumbres sociales, sin relevancia personal. M\u00e1s que cristianos deber\u00edan llamarse post-cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El n\u00famero de los que se declaran cristianos convencidos es cada vez menor; y, de entre ellos, son much\u00edsimos los que, confes\u00e1ndose cristianos, no se sienten identificados con la Iglesia y, por ello, no tienen en cuenta sus ense\u00f1anzas, especialmente en el terreno de la moral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La pr\u00e1ctica religiosa est\u00e1 bajo m\u00ednimos. La juventud -que es el futuro- apenas sintoniza con el cristianismo y la Iglesia; en nuestros templos se ven pocos j\u00f3venes; tampoco abundan en nuestros movimientos y organizaciones. Hoy ya existen personas que incluso nunca han o\u00eddo hablar de Cristo y del Evangelio. Como consecuencia de todo ello, apenas hay vocaciones religiosas: muchos conventos y monasterios se cierran, los seminarios se vac\u00edan y no est\u00e1 muy lejano el d\u00eda en que ser\u00e1 imposible asistir pastoralmente a las parroquias. A esto hay que a\u00f1adir los miles de sacerdotes secularizados a lo largo de estos a\u00f1os. No tenemos intelectuales comprometidos, o tenemos tan pocos que su existencia no es relevante. Como consecuencia de ello, la cultura que se est\u00e1 haciendo, y que transmiten las instituciones (escuelas o universidades) y los medios (prensa, TV) es cada vez m\u00e1s pagana y difunde valores (?) muy contrarios al Evangelio (el individualismo, placer, dinero, &#8230;). No hay un humanismo cristiano, es decir, una manera de entender el hombre y la sociedad, capaz de suscitar la creaci\u00f3n cultural en sus diversos \u00e1mbitos. Como dice el Papa \u201cno estamos m\u00e1s en la cristiandad. Hoy no somos los \u00fanicos que producen cultura, ni los primeros, ni los m\u00e1s escuchados\u201d (Discurso a la Curia romana 2019). No tenemos cristianos, o tenemos muy pocos, que desde convicciones de fe trabajen en el campo de la econom\u00eda o de la pol\u00edtica. Por supuesto, muchos pol\u00edticos son cristianos, como lo son muchos economistas o profesores de universidad, pero lo son en privado y no permiten que su fe aflore en su actividad; no act\u00faan p\u00fablicamente como cristianos. Son cristianos \u201cvergonzantes\u201d. Esta crisis ha puesto de manifiesto graves deficiencias en el cristianismo: un cristianismo m\u00e1s de costumbre que de convicci\u00f3n y con una masa de fieles con escasa formaci\u00f3n y escaso compromiso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Podemos decir, en l\u00edneas generales, que el cristianismo de nuestro tiempo ha perdido fuerza creadora, capacidad de convocatoria y atractivo, presencia significativa en nuestro mundo. Si contempl\u00e1ramos esta situaci\u00f3n con ojos puramente humanos -como hacen los soci\u00f3logos o los historiadores- podr\u00edamos pensar que la \u201cbarca\u201d de la Iglesia se hunde, que estamos asistiendo a la agon\u00eda del cristianismo y que nosotros somos algo as\u00ed \u201ccomo los \u00faltimos cristianos\u201d, pues no vemos garantizada la continuidad del testimonio ni de la transmisi\u00f3n de la fe. Esto \u00faltimo es un problema grav\u00edsimo: hay una quiebra en la transmisi\u00f3n de la fe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En este sentido, nuestra situaci\u00f3n es de extrema debilidad. Hablamos de crisis y nos sentimos, como en todas las situaciones de crisis, desorientados y sin saber muy bien c\u00f3mo hemos de ser y c\u00f3mo hemos de actuar. Hacemos planes de evangelizaci\u00f3n, programamos actividades, creamos estructuras, organizamos un mont\u00f3n de cosas, pero todo esto es algo as\u00ed como \u201cconstruir canales y acequias\u201d sin disponer del agua que corra por ellas y fertilice los campos. El agua, el Esp\u00edritu, la fuerza y energ\u00eda, la fe, no la encontramos, a pesar de la agitaci\u00f3n fren\u00e9tica de los \u201czahor\u00edes\u201d de turno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como he dicho, contemplar esta situaci\u00f3n con ojos puramente humanos no puede sino engendrar pesimismo y des\u00e1nimo. Pero nosotros hemos de contemplarla con ojos de fe. No he querido en modo alguno fomentar el desaliento, sino ser realista y ser consciente de nuestra situaci\u00f3n. Ignorarla no sirve de nada. Autoenga\u00f1arnos organizando grandes concentraciones para darnos la impresi\u00f3n de que somos muchos, es bastante est\u00e9ril. Hay que conocer la situaci\u00f3n real, no maquillarla; y hacerle frente y buscar criterios y caminos adecuados: los criterios y caminos que el mismo Evangelio no cesa de sugerirnos. Hay que ser realistas para poder tener esperanza, y para que nuestra esperanza se traduzca en caminos adecuados de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3.-\u00a0En los momentos y situaciones de crisis lo que parec\u00eda un todo compacto se resquebraja, grandes sectores de la sociedad dan la espalda a la fe y a la Iglesia y los valores cristianos se critican o sencillamente se les ignora. Se produce lo que podemos llamar un \u201cadelgazamiento\u201d del cuerpo cristiano, y la Iglesia, cuyas fronteras coincid\u00edan pr\u00e1cticamente con las de la sociedad, va camino de convertirse de nuevo en \u201cun resto\u201d o \u201cpeque\u00f1a grey\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero desde la fe sabemos, y la historia del cristianismo lo avala, que es una peque\u00f1a greg que encierra en s\u00ed misma \u201cuna sociedad naciente\u201d. Jean Guitton escribi\u00f3 hace unos a\u00f1os:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cParece que, desde el origen de la vida, en esta planeta, todo lo que est\u00e1 llamada a crecer (los mam\u00edferos, los primeros cristianos, por ejemplo) tiene el raro poder de extenderse y de concentrarse; tan pronto se reduce a un solo clan, como se dilata a todos los vivientes. Hubo un momento en que estuvo encerrada en el seno de Abraham\u201d (Silencio sobre lo esencial, p. 96).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que hoy vemos y he descrito brevemente es ese proceso de concentraci\u00f3n de la Iglesia. Los cristianos tenemos la sensaci\u00f3n de habernos convertido en un \u201cpeque\u00f1o grupo\u201d dentro de una sociedad cada vez m\u00e1s plural. Pero mientras subsista esa peque\u00f1a grey que cree en Jesucristo como su Se\u00f1or y Salvador y viva coherentemente el imperativo del amor, la fe cristiana y la Iglesia tendr\u00e1n delante de si un futuro esperanzador. A este respecto escribi\u00f3 D. Bonhoeffer:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cNo es cosa de predecir el d\u00eda -pero ese vendr\u00e1- en que de nuevo habr\u00e1 hombres llamados a pronunciar la palabra de Dios de tal modo que el mundo ser\u00e1 transformado y renovado por ella. Ser\u00e1 un lenguaje nuevo&#8230; pero liberador y redentor como el lenguaje de Cristo&#8230; Ser\u00e1 el lenguaje de una nueva justicia y de una verdad nueva, el lenguaje que anunciar\u00e1 la paz con los hombres y la proximidad del Reino\u201d. Y se asombrar\u00e1n y admirar\u00e1n de tanta paz como yo les dar\u00e9 (Ju 33, 9)\u201d. Hasta entonces la actividad del cristiano ser\u00e1 oculta y callada; pero habr\u00e1 hombres que rezar\u00e1n, actuar\u00e1n con justicia y esperar\u00e1n el tiempo De Dios\u201d. (Resistencia y sumisi\u00f3n, p. 83).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4.- Contemplada con ojos de fe, la situaci\u00f3n en la que nos encontramos hoy la Iglesia y los cristianos podemos denominarla una situaci\u00f3n de desierto en el sentido b\u00edblico del t\u00e9rmino: una situaci\u00f3n de prueba, de purificaci\u00f3n y de verdadera esperanza. En el desierto no es posible apoyarnos en nuestro poder y recursos: no nos sirven de nada. All\u00ed nos encontramos despojados y despose\u00eddos, solos. No cabe m\u00e1s que dejar lastre, quitarnos peso para quedarnos con lo esencial. Y confiar en Dios. Hay que echar mano de los medios de Dios porque los meramente humanos ya no sirven. Pero dejar lastre, aligerar el peso, quedarse con lo esencial no son operaciones sencillas ni f\u00e1ciles. A veces resulta doloroso desprenderse de cosas o costumbres a las que se estaba habituado porque se pierde confort y seguridad. Pero en situaciones como la nuestra, de crisis y desierto no hay otro camino. Pero cuando ello se lleva a cabo con fe sincera y de modo coherente se descubre que estas situaciones, que a los ojos del mundo pueden parecer un derrumbe, son de hecho situaciones de gracia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para entender esto correctamente es bueno que, siguiendo a Maritain ya E. Mounier, distingamos entre cristiandad y cristianismo. La cristiandad es la concreci\u00f3n que adquiere el cristianismo en una \u00e9poca o cultura determinadas; es el cristianismo tal como se ha encarnado en el tiempo y en el espacio, adapt\u00e1ndose a unos modos de vida, valores, usos y costumbres de una o \u00e9poca o cultura concretas. En esa encarnaci\u00f3n los valores eternos del cristianismo toman cuerpo y figura, se hacen presentes y activos de una manera determinada. La ley de la encarnaci\u00f3n es inevitable: nunca tendremos un cristianismo qu\u00edmicamente puro, pues siempre tendr\u00e1 una forma y figura propia con las marcas de un tiempo o cultura determinados. Y ello significa tambi\u00e9n que la esencia de la fe se encuentra asociada a elementos del mundo y de la \u00e9poca en que esa fe se encarna. Y en \u00e9pocas de estabilidad, de no cuestionamiento resulta muy dif\u00edcil o casi imposible discernir entre lo que pertenece a la entra\u00f1a de la fe y lo que procede de las contingencias del tiempo y de la \u00e9poca; y es muy natural confundir y tomar como pertenecientes a la fe valores y modos de vida y de religiosidad que poco tienen que ver ya con ella o le son indiferentes. Por el contrario, en las situaciones que hemos llamado de crisis y de cambios de \u00e9poca, cuando una determinada cristiandad se desploma, lo contingente y temporal adherido a la fe se percibe con m\u00e1s facilidad, y lo inesencial se desprende de lo esencial, por as\u00ed decirlo. Por eso las podemos vivir como situaciones de gracia, pues permiten purificar el cristianismo de sus lastres hist\u00f3ricos y nos abren la posibilidad de una fe y una vida cristiana m\u00e1s acordes con el evangelio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es un hecho que cuando una determinada cristiandad, por las razones que fueren, se desmorona, quienes se encuentran en ella no pueden evitar la sensaci\u00f3n de que es el cristianismo mismo lo que se viene abajo. Creo que es muy probable que, al menos en el mundo occidental, estamos pasando por unos de esos momentos. Nuestra cristiandad occidental y burguesa, es decir, contaminada por los valores burgueses del individualismo, del confort, de la reducci\u00f3n de la fe a la esfera de la intimidad personal sin incidencia en lo p\u00fablico; una cristiandad, por otro lado, que a\u00fan no se ha liberado del todo de los estilos feudales y que imita el modo de acci\u00f3n de su presencia en la sociedad de los poderes mundanos y que usa sus medios y acumula poder social para influir, y que todav\u00eda no se ha desprendido del lenguaje de los poderosos&#8230; esta cristiandad nuestra al parecer ha entrado en crisis, en una lenta agon\u00eda. Como dec\u00eda Mounier, es una \u201cCristiandad difunta\u201d: ya no dice casi nada, suscita pocas adhesiones, no genera esperanza y no encuentra caminos para transmitir la fe a les nuevas generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es una situaci\u00f3n como esta, la Iglesia, como se desprende de su misma historia, tiene ante s\u00ed un doble reto: por un lado, debe renovarse en el sentido de despojarse, separar y liberar el cristianismo de los elementos caducos y contingentes que el devenir hist\u00f3rico ha incrustado en \u00e9l; y, por otro, preparar con el pensamiento, la vida y la acci\u00f3n el advenimiento de una nueva cristiandad. Vistas as\u00ed las cosas, podemos decir que&nbsp;estamos llamados a ser, no los&nbsp;\u00faltimos cristianos, sino \u201clos primeros\u201d de una nueva cristiandad. Este parece ser nuestro destino actual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie sabe qu\u00e9 rostro presentar\u00e1 esa nueva cristiandad; ni conocemos con certeza los caminos que nos llevar\u00e1n a ella; y, por supuesto, ignoramos cuando comenzar\u00e1 a hacerse presente. Humanamente hablando, vamos a tientas, pero tambi\u00e9n dej\u00e1ndonos llevar por el Esp\u00edritu Santo, que alienta, sugiere, gu\u00eda y suscita en la Iglesia sus movimientos y trabajos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5.- Pero lo que si podemos saber con cierta seguridad, pues la historia misma de la Iglesia nos lo ense\u00f1a, es por qu\u00e9 caminos no debemos transitar. Los tiempos de crisis, como hemos dicho, son necesariamente tiempos de desorientaci\u00f3n; y los tiempos de desorientaci\u00f3n suelen engendrar soluciones desorientadas. Fundamentalmente las dos siguientes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La primera, y hoy muy extendida, es lo que podemos llamar&nbsp;\u201creacci\u00f3n identitaria\u201d. Se trata de los que creen que la \u00fanica manera de hacer de nuevo significativo el Evangelio para nuestro mundo consiste en recuperar la identidad perdida restaurando formas de pensar y lenguaje, modos de religiosidad, estilos de presencia y acci\u00f3n en el mundo que, bien examinados s\u00f3lo son en su mayor parte fragmentos y formas de pensamiento y lenguaje pertenecientes a la \u201ccristiandad\u201d que se desmorona. En realidad, con la excusa de recuperar la identidad lo que se quiere es volver al pasado; se tiene miedo ante un futuro incierto, se han perdido seguridades y se pretende \u201creactulizar\u201d formas pasadas y contingentes de ser cristiano y de ser Iglesia. Se tiene nostalgia de otros tiempos que creen ser la expresi\u00f3n aut\u00e9ntica de la verdadera tradici\u00f3n cristiana. Y se propugna, aunque no abiertamente, una nueva alianza de la Iglesia y el poder temporal, se utilizan medios mundanos para realizar su misi\u00f3n de propagar el Evangelio y se pone mucho \u00e9nfasis en recuperar signos externos de identidad (h\u00e1bitos, sotanas, procesiones, grandes asambleas&#8230;) buscando con ello hacerse presente en la sociedad. Se desconf\u00eda del di\u00e1logo abierto y sincero con los hombres de nuestro tiempo y sus problemas, y se crea una espiritualidad de grupo cerrado que se siente perseguido por el mundo y la cultura pagana, y todo ello sin la m\u00e1s m\u00ednima conciencia cr\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En realidad se pretende volver a un pasado mitificado. Y la memoria se transforma en nostalgia. Por su parte, la nostalgia se caracteriza por la incomodidad de vivir el presente y por la desconfianza e inquietud ante el futuro. En el fondo, aqu\u00ed la memoria sirve para evadirse e huir del presente inc\u00f3modo, haciendo imposible un caminar hacia adelante. Se cree que todo lo que no es fidelidad a un determinada pasado constituye una traici\u00f3n. Por supuesto, esta actitud no es exclusiva de la Iglesia, sino que se da tambi\u00e9n en otros \u00e1mbitos, como, por ejemplo, la pol\u00edtica; pero en la Iglesia la tentaci\u00f3n de seguir este camino es grande.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y como una identidad as\u00ed entendida suele ser una identidad frente a lo otro, en este caso \u201cel mundo\u201d, por este camino se puede acabar cayendo en lo que conocemos como \u201cfundamentalismo\u201d; esto es, en una defensa agresiva, algo hist\u00e9rica e irracional, de lo que se considera propio y diferencial. En el mejor de los casos aparece el \u201cneo-conservadurismo\u201d, una actitud que s\u00f3lo ofrece a los problemas del presente soluciones de pasado; y que olvida que la verdadera fidelidad a la tradici\u00f3n es siempre creadora, mientras que la fidelidad de superficie es siempre repetitiva y est\u00e9ril.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero en tiempos de crisis y de desorientaci\u00f3n hacen su aparici\u00f3n tambi\u00e9n movimientos que se autodenominan \u201cprogresistas\u201d, aunque hoy son los menos en la Iglesia. En l\u00edneas generales estos movimientos suelen pensar que la crisis de fe y de la Iglesia tienen que ver con el hecho de que no se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos del mundo y de la cultura. La Iglesia, dicen, no ha sido capaz de seguir los pasos del pensamiento moderno, de la ciencia y de los cambios sociales, y se ha quedado rezagada en su manera de comprender el mundo y el hombre. Est\u00e1n persuadidos de que no pocos aspectos de su doctrina y su moral deben cambiar pues ya no dicen nada al hombre de hoy y son m\u00e1s bien un obst\u00e1culo para la fe. La Iglesia, afirman, tiene que acomodarse al mundo y reinterpretar su doctrina desde las ideas y valores que tienen futuro. En general hay en estos movimientos un cierto desprecio a la tradici\u00f3n viva de la Iglesia y un excesivo entusiasmo por todo lo que es tenido por nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esta actitud&nbsp;\u201cprogresista\u201d hay, lo que podemos llamar, una fijaci\u00f3n negativa al pasado; y la memoria, o recuerdo, adquiere con frecuencia la forma de resentimiento. Se mira hacia atr\u00e1s con ira. El pasado, lejano o inmediato, es siempre el responsable de los problemas de la sociedad y del individuo. Las tradiciones, que perpet\u00faan el pasado, son el enemigo a batir. Y el futuro es visto como promesa de liberaci\u00f3n seg\u00fan una imaginada situaci\u00f3n ideal a la que a veces se sacrifica el presente; en cualquier caso, se produce una nueva evasi\u00f3n de la realidad presente y s\u00f3lo se tiene ojos para un futuro en el que se han depositado todas las esperanzas dignas del hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la Iglesia y en lo referente a la fe, este progresismo acaba afirmando la absoluta autonom\u00eda de lo humano y considerando el mismo cristianismo del pasado (con sus dogmas, liturgias y moral) como algo que prolonga a destiempo la minor\u00eda de edad del hombre. Y se propugna una Iglesia seg\u00fan el modelo de las sociedades humanas y una teolog\u00eda reconvertida en antropolog\u00eda. Y la religi\u00f3n pasa a ser una moral humanitaria y el Reino De Dios se identifica con la justicia social. En el fondo, el cristianismo se pierde en favor del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pues bien, a mi entender el futuro de la fe y de la Iglesia no pasa por ninguno de estos dos caminos: ni por la defensa y restauraci\u00f3n de una supuesta identidad que no es otra cosa que la nostalgia de formas muertas del pasado; ni por el vaciamiento de la entra\u00f1a misma de la fe, invocando una necesaria acomodaci\u00f3n al mundo sin apenas sentido cr\u00edtico y sin fidelidad a lo esencial de la fe y la aut\u00e9ntica tradici\u00f3n eclesial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6.- Pero hay una forma de considerar al pasado y su memoria diferente de la nostalgia restauracionista y de la fijaci\u00f3n negativa del progresismo; y otra de ver y vivir el futuro que no implique modo alguno de evasi\u00f3n del presente. Es la memoria, o recuerdo, que toma la forma de\u00a0<em>compromiso<\/em>\u00a0y\u00a0<em>esperanza<\/em>: compromiso con respecto al presente y esperanza con respecto al futuro. Es una memoria que favorece la fidelidad a lo positivo del pasado y que es causa de liberaci\u00f3n. Es la memoria, por ejemplo, que est\u00e1 presente en las conmemoraciones humanas, sean personales o colectivas. Y, en otro orden de cosas, la memoria propia de la liturgia (\u201cHaced esto en memoria m\u00eda&#8230;\u201d; \u201cacu\u00e9rdate de Jesucristo&#8230;\u201d) y en general la memoria de los acontecimientos constitutivos de la historia de la Salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed, por ejemplo, el acontecimiento de la independencia de un pueblo suele celebrarse con fiesta y alegr\u00eda, como momento fundacional de la naci\u00f3n; o, por poner otro ejemplo, la conmemoraci\u00f3n en Francia de la Revoluci\u00f3n de 1789. Este tiempo de conmemoraci\u00f3n tienen como finalidad avivar el esp\u00edritu que hizo posible esos acontecimientos, infundir \u00e1nimos y reforzar el compromiso de cara a un futuro mejor. O la conmemoraci\u00f3n que hacen los jud\u00edos de la liberaci\u00f3n de la esclavitud de Egipto, que es a la vez celebraci\u00f3n lit\u00fargica y fiesta nacional, que invita a reforzar el compromiso con la libertad. Y en el orden personal, tenemos, por ejemplo, las celebraciones que conmemoran la fecha de un matrimonio, celebraciones en las que el amor, aquilatado durante a\u00f1os, se hace presente para rejuvenecer sus exigencias. Estas conmemoraciones o memorias no son evasiones del presente, sino m\u00e1s bien maneras de fortalecer o recuperar la voluntad y el compromiso de proseguir el camino que se inici\u00f3 con esos acontecimientos. Aqu\u00ed el recuerdo ratifica el compromiso real e invita a la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como ya se ha se\u00f1alado, a este orden de memoria pertenece,<em>&nbsp;mutatis mutandis<\/em>, la memoria cristiana que se actualiza en la liturgia. La celebraci\u00f3n lit\u00fargica de los acontecimientos salvadores es \u201cmemorial\u201d: no es un mero recordar algo que sucedi\u00f3 en el pasado, sino actualizarlo y hacerlo operativo y eficaz en cada momento de la vida de la Iglesia y de cada uno de los fieles. M\u00e1s que celebrar el pasado, la liturgia lo hace presente y, con ello, fuerza a poner la mirada en la salvaci\u00f3n haciendo posible la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7.- Es curioso, tanto la reacci\u00f3n identitaria como la actitud progresista responsabilizan al Concilio Vaticano II de los males actuales de la Iglesia y del retroceso, al parecer imparable de la fe en nuestra sociedad. Para los primeros el Concilio ha supuesto una ruptura con la tradici\u00f3n aut\u00e9ntica de la Iglesia, no una purificaci\u00f3n de tradiciones humanas adheridas a la fe a lo largo de los tiempos. No han visto en el Concilio el esfuerzo por \u201cvolver a las fuentes de la fe para renovarse, asumiendo sus actitudes, no repiti\u00e9ndolas sin m\u00e1s, sino una ruptura grave con lo que, seg\u00fan ellos, siempre fue la fe y la Iglesia. No ven en el Concilio renovaci\u00f3n sino m\u00e1s bien revoluci\u00f3n: piensan que fue demasiado lejos e hizo excesivas concesiones al mundo moderno. Para los segundos el Concilio se ha quedado corto; no fue suficientemente renovador y no ha habido una clara voluntad posterior de desarrollar sus intuiciones m\u00e1s positivas, especialmente en lo que hace referencia a las estructuras de la Iglesia, o a la forma de su presencia en el mundo, como tambi\u00e9n a algunos aspectos de su doctrina moral o de disciplina eclesi\u00e1stica, como el celibato obligatorio de los presb\u00edteros o la ordenaci\u00f3n de las mujeres por se\u00f1alar algunos ejemplos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en esto estamos. Las resistencias que al parecer est\u00e1 encontrando el papa Francisco en su empe\u00f1o por hacer m\u00e1s evang\u00e9lico el rostro de la Iglesia y su acci\u00f3n en el mundo es una muestra de ello. Su apuesta por una actitud m\u00e1s abierta en algunos temas de moral y disciplina de la Iglesia le ha granjeado no pocas enemistades. En mi opini\u00f3n el papa Francisco encarna hoy lo que he llamada \u201cfidelidad a lo esencial\u201d, no de superficie y repetitiva, sino creativa. La lectura de sus documentos, lo mismo que algunas de sus decisiones de gobierno lo confirman.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8.- El malestar sano, el que conduce o puede conducir a una renovaci\u00f3n y purificaci\u00f3n de la Iglesia y de la vida cristiana, debiera estar siempre presente; nunca hay que pensar que ya hemos alcanzado la perfecci\u00f3n y no estamos necesitados de conversi\u00f3n como Iglesia y como fieles. Esta autosatisfacci\u00f3n supondr\u00eda algo as\u00ed como la muerte del alma cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En lo que se refiere al otro malestar, el que hace su presencia en situaciones de crisis y cambios profundos en la sociedad y en el mundo, es preciso abordarlo y vivirlo desde la fe, y no solamente con criterios humanos. Y desde la fe la crisis que est\u00e1 afectando a la Iglesia puede y debe vivirse como una situaci\u00f3n de gracia, como un momento oportuno para dejar lastre y volver a lo esencial. Es normal que el \u201cadelgazamiento\u201d del cuerpo de la Iglesia por el que nos estamos convirtiendo cada vez m\u00e1s en una \u201cpeque\u00f1a y d\u00e9bil grey\u201d en un mundo inmenso y poderoso, nos preocupe seriamente. Pero, por otro lado, esta situaci\u00f3n nos retrotrae a los tiempos apost\u00f3licos y primeros siglos del cristianismo y, como entonces, hemos de estar convencidos de que la peque\u00f1a grey en que nos estamos convirtiendo lleva en germen una nueva cristiandad, pues lo que realmente se est\u00e1 desmoronando no es el \u201ccristianismo\u201d, sino una determinada encarnaci\u00f3n del cristianismo. Este desmoronamiento est\u00e1 a\u00fan en curso y es probable que se prolongue a\u00fan durante un tiempo. Por eso, a diferencia de los primeros siglos del cristianismo en los que la \u201cpeque\u00f1a grey\u201d experimentaba que, a pesar de las dificultades, crec\u00eda en todos los \u00f3rdenes, nosotros, que venimos de una situaci\u00f3n en la que la fe cristiana era casi coextensiva a la sociedad, tenemos la experiencia de ser cada d\u00eda menos y nos entra el temor de si no seremos los \u00faltimos cristianos de este espacio cultural que es el mundo occidental. Obviamente, como creyentes, no podemos ver as\u00ed las cosas; abordar con ojos de fe esta situaci\u00f3n, que probablemente ser\u00e1 larga, supone confianza en Dios, dejarse llevar por el Esp\u00edritu y ser d\u00f3ciles a sus inspiraciones. Dios cuida de su Iglesia, es su obra m\u00e1s que la nuestra. A trav\u00e9s de ella se hace presente la salvaci\u00f3n del mundo; por medio de ella se sigue anunciando el Evangelio a todos los hombres y el nombre de Cristo resuena en todo el mundo; y contin\u00faa suscitando generosidad, solidaridad y amor al pr\u00f3jimo sin distinci\u00f3n del lengua, raza o religi\u00f3n. Y si Dios permite esta situaci\u00f3n en que se encuentra su Iglesia es sin duda alguna porque con ello nos est\u00e1 diciendo algo. A la Iglesia, a nosotros, nos corresponde escuchar con fidelidad y estar disponibles para la obediencia, procurando, en comuni\u00f3n con toda la Iglesia y fundados en su tradici\u00f3n viva, no transitar por caminos errados. Como dice el Papa Francisco en el documento citado, a la \u201cpeque\u00f1a grey\u201d que es hoy la Iglesia, le corresponde la tarea, una vez m\u00e1s en su historia, \u201cde iniciar procesos m\u00e1s que ocupar espacios\u201d de poder o de relevancia social; \u201cDios se manifiesta en el tiempo y est\u00e1 presente en los procesos de la historia. Esto hace privilegiar las acciones que generan din\u00e1micas nuevas; y reclama paciencia, espera. Para esto urge que leamos los signos de los tiempos con los ojos de la fe, para que la direcci\u00f3n de este cambio despierte nuevas y viejas preguntas con las cuales es justo y necesario confrontarse\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Breves reflexiones \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Juan Jos\u00e9 Garrido Zaragoz\u00e1 1.- \u00a0Hay un malestar tanto en la Iglesia como en los cristianos que podemos llamar constitutivo y que tiene su origen en la conciencia de la distancia existente entre lo que la Iglesia, y los cristianos est\u00e1n mandados a ser seg\u00fan el Evangelio y lo que de hecho son. 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