{"id":7048,"date":"2026-06-13T12:16:20","date_gmt":"2026-06-13T10:16:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.graduats.org\/wordpress\/?page_id=7048"},"modified":"2026-06-13T12:32:25","modified_gmt":"2026-06-13T10:32:25","slug":"trufas-para-todos-carlo-ginzburg-y-el-lema-de-nuestra-epoca","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.graduats.org\/wordpress\/trufas-para-todos-carlo-ginzburg-y-el-lema-de-nuestra-epoca\/","title":{"rendered":"\u00ab\u00a1Trufas para todos!\u00bb\u00a0Carlo Ginzburg\u00a0y el lema de nuestra \u00e9poca."},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Traducci\u00f3n de la p\u00e1gina de Le Grand Continent: <br \/><a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/dimanches\/des-truffes-pour-tous\/\">https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/dimanches\/des-truffes-pour-tous\/<\/a> <br \/><br \/><a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/le-petit-catechisme-de-guillaume-erner\/\"><strong>El peque\u00f1o catecismo de William Erner<\/strong><\/a><br \/><a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/dimanches\/des-truffes-pour-tous\/\"><strong>\u00ab\u00a1Trufas para todos!\u00bb&nbsp;Carlo Ginzburg&nbsp;y el lema de nuestra \u00e9poca<\/strong><\/a><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-media-text has-media-on-the-right is-stacked-on-mobile\" style=\"grid-template-columns:auto 58%\"><div class=\"wp-block-media-text__content\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este ser\u00e1 el credo de nuestros domingos. Ya sea que este fin de semana sea para ti el resto del Sabbat, el D\u00eda del Se\u00f1or, un Viernes largo o simplemente una pausa en un cielo sin Dios: sea cual sea el nombre, \u00a1siempre y cuando encontremos estas&nbsp;trufas&nbsp;y&nbsp;todo&nbsp;eso!&nbsp;<br \/>Domingo, 26 de abril de 2026<br \/>AUTOR<br \/><a href=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/p\/guillaume-erner\/\">Guillaume Erner<\/a><br \/>IMAGEN<br \/>Terra tufide tubera, Tacuinum sanitatis del siglo XIV.<br \/>FECHA<br \/>24 de abril de 2026<br \/>M\u00daSICA<br \/><a href=\"https:\/\/open.spotify.com\/intl-fr\/track\/1lv17MSSDr1iBS2vp6UoRt?si=d1be5d4d95384f9a\">Keren Ann&nbsp;\u2013&nbsp;Not going anywhere&nbsp;\u2192<\/a><\/p>\n<\/div><figure class=\"wp-block-media-text__media\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/wp-content\/uploads\/sites\/2\/2026\/04\/Petit-bis.png\" alt=\"\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nuestra \u00e9poca concilia abundancia y escasez. Vivimos en un tiempo de exceso y carencia. Demasiados letreros, demasiados comentarios y demasiados comentarios sobre comentarios, y aun as\u00ed, la incomprensi\u00f3n impera. Un proletariado intelectual se expande, a pesar de que las oportunidades de autodesarrollo y superaci\u00f3n personal nunca han sido tan abundantes. Nunca una biblioteca ha sido tan vasta, nunca un museo tan accesible, nunca un concierto tan cerca: basta con un simple toque. Y sin embargo, ante esta abundancia, a menudo hay escasez. Como si la oferta ilimitada hubiera matado el deseo, como si la facilidad de acceso hubiera mermado el gusto por la b\u00fasqueda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Joyce Carol Oates, en un mensaje reciente dirigido a Elon Musk, formul\u00f3 esta intuici\u00f3n con una precisi\u00f3n mordaz:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Resulta curioso que un hombre tan rico nunca publique nada que demuestre que aprecia, o siquiera que es consciente, de lo que pr\u00e1cticamente todo el mundo aprecia: im\u00e1genes de la naturaleza, de su perro o gato, elogios para una pel\u00edcula, m\u00fasica o un libro (aunque dudo que lea); orgullo por el \u00e9xito de un amigo o ser querido; condolencias por alguien que ha fallecido; la alegr\u00eda de los deportes, entusiasmo por su equipo favorito; referencias a la historia. De hecho, parece completamente inculto, carente de cultura alguna. Quiz\u00e1s las personas m\u00e1s pobres de Twitter tengan acceso a m\u00e1s belleza y sentido en la vida que la\u00bbpersona m\u00e1s rica del mundo\u00bb.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un giro vertiginoso, y una f\u00f3rmula que define lo que podr\u00eda ser un proletariado del esp\u00edritu invertido, en otras palabras, una aristocracia silenciosa de los sentidos. Porque en las vidas m\u00e1s humildes hay tesoros que toda la riqueza del mundo no podr\u00eda comprar: la apreciaci\u00f3n sincera de una puesta de sol, la ternura por una mascota, la alegr\u00eda compartida de una victoria deportiva, la gratitud por una p\u00e1gina bien escrita. Estas cosas no se pueden comprar; hay que cultivarlas. Y la persona m\u00e1s rica del mundo, si no las cultiva, sigue siendo, en un sentido profundo, la m\u00e1s pobre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces uno piensa en Carlo Ginzburg y su sublime lema: <\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el comienzo de mi investigaci\u00f3n, me burl\u00e9 de las normas acad\u00e9micas imperantes. Esto se debi\u00f3 sin duda a un privilegio: el ambiente intelectual en el que crec\u00ed. Pero eso no es todo: mi atracci\u00f3n por la dimensi\u00f3n narrativa de la historia estuvo indudablemente influenciada por el ejemplo de mi madre, quien, como saben, era una escritora muy reconocida. Reflexionando sobre esto, intent\u00e9 definir mi actitud hacia mis lectores con un lema: \u00abTrufas para todos\u00bb. Las trufas son buenas, raras y caras: de ah\u00ed \u00abtrufas para todos\u00bb. Como pueden ver, esto es lo opuesto a una actitud paternalista hacia el lector, una actitud que detesto.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Trufas para todos! En otras palabras, \u00a1belleza y bondad para todos! Un rechazo a la demagogia degradante, un rechazo al sistema elitista que excluye. Ni una cosa ni la otra: trufas, simplemente, compartidas. Porque \u00bfqu\u00e9 es la cultura? No es una disciplina, ni un estante de biblioteca, ni una columna de peri\u00f3dico. La cultura, en el sentido en que el Gran Continente ahora busca habitarla, es todo aquello que hace que una vida humana sea algo m\u00e1s que una sucesi\u00f3n de transacciones. Es m\u00fasica \u2014Schubert una ma\u00f1ana, Keren Ann una tarde, un oud sirio escuchado por casualidad\u2014 y es gastronom\u00eda, que no es el lujo de los poderosos, sino la memoria de los pueblos, el gesto de una abuela napolitana sobre un trozo de masa, la paciencia de un panadero de la regi\u00f3n de Dr\u00f4me, la elaboraci\u00f3n del hummus. Es pensamiento: ese que se permite tiempo, el que acepta no llegar a una conclusi\u00f3n, el que conecta a Val\u00e9ry y Levinas (otros dir\u00edan Koj\u00e8ve o Maquiavelo) para convivir con ellos. Es poes\u00eda, que sigue siendo nuestra forma m\u00e1s antigua y precisa de expresar lo que le falta a la prosa. Es la arquitectura de una ciudad, el corte de una prenda, el silencio de una pintura, la expresi\u00f3n de un rostro. Belleza en todas sus formas, incluyendo las m\u00e1s humildes, las m\u00e1s cotidianas, las que Oates enumera y que el hombre m\u00e1s rico del mundo no percibe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hablar de cultura de esta manera no implica expandirla hasta disolverla. Al contrario, implica devolverle su densidad. Un plato, un poema, una sonata, una frase de Ginzburg, una fotograf\u00eda de Nan Goldin, un domingo bien aprovechado: todos son gestos de civilizaci\u00f3n. Todos expresan lo mismo: que el hombre no puede reducirse a lo que produce, ni a lo que posee, ni a lo que consume. Que existe, por encima del mercado, algo que no se puede vender y que, precisamente por no poder venderse, perdura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es la cultura que queremos crear con mentes de otros lugares y con unos pocos grandes europeos. No con expertos, no con tecn\u00f3cratas, no con agentes culturales: con figuras. Figuras que marcaron el siglo XX en Europa porque llevaban en su propio ser la memoria de las cat\u00e1strofes y el imperativo de la reconstrucci\u00f3n. Los V\u00e1clav Havel de hoy, que escriben obras de teatro antes que constituciones, y que saben que la verdad no es un eslogan sino una forma de mantenerse firme. Los Bronis\u0142aw Geremek de hoy, historiadores de los m\u00e1rgenes y de los pobres, medievalistas que se convirtieron en ministros, que comprendieron que Europa no se construir\u00e1 sin sus olvidados. Las Simone Veil de hoy, que llevan un n\u00famero en la mu\u00f1eca y una visi\u00f3n clara en el rostro, y que saben que la ley, la dignidad, los derechos de las mujeres y la paz entre los pueblos son una misma cosa. Estas figuras no han muerto; Tienen herederos, sucesores y interlocutores \u2014fil\u00f3sofos, novelistas, cineastas, m\u00fasicos, arquitectos, chefs y artesanos\u2014 dispersos desde Lisboa hasta Vilna, desde Palermo hasta Estocolmo. Nos corresponde reunirlos, facilitar el di\u00e1logo y ofrecerles un espacio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Gran Continente comenz\u00f3 con la geopol\u00edtica, con la literatura, pero en ese impulso redescubri\u00f3 la cultura \u2014por cualquier medio necesario\u2014 siempre que fuera contempor\u00e1nea. Y no cualquier d\u00eda: el domingo. Porque el domingo es el d\u00eda m\u00e1s ambiguo de la semana, a la vez abundante y desierto, libre y melanc\u00f3lico: el Domingo Sombr\u00edo de la canci\u00f3n h\u00fangara, el d\u00eda en que uno lucha por encontrar alguna noticia que le interese, cuando las redacciones dan vueltas en c\u00edrculos, cuando el alma busca sentido. Frente a este vac\u00edo, ofrecemos refinamiento. Frente a la escasez, abundancia elegida. Frente al proletariado intelectual, belleza accesible a todos, siempre que, como sugiere Oates, uno tenga ojos para verla: trufas para todos. Y estas voces europeas \u2014heridas, cultivadas, pol\u00edticas por su educaci\u00f3n, educadas por su pol\u00edtica\u2014 ser\u00e1n la conversaci\u00f3n que Europa se debe a s\u00ed misma, y que se debe, sobre todo, a quienes no tienen nada m\u00e1s que a s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El descanso semanal, dicen los sabios, se le concede a la humanidad para tres placeres: el estudio, la espiritualidad y el placer f\u00edsico. Tres maneras de escapar de las limitaciones del tiempo, tres maneras de recordar que no somos simplemente una fuerza de trabajo. El estudio, porque una p\u00e1gina le\u00edda el domingo no tiene el mismo peso que una le\u00edda el lunes: es gratuito, desinteresado, nos prepara para nada m\u00e1s que para s\u00ed mismo. La espiritualidad, porque toda persona, creyente o no, necesita un momento en el que deje de producir para simplemente ser, ya sea ante un icono, una sinagoga, una mezquita, un \u00e1rbol o el silencio de su propia habitaci\u00f3n. Y el placer f\u00edsico, porque el cuerpo tambi\u00e9n tiene derecho a su domingo: la comida tranquila, el paseo sin rumbo, el abrazo sin pretensiones, el sue\u00f1o reparador. \u00abLa carne no est\u00e1 triste, y a\u00fan no hemos le\u00eddo todos los libros\u00bb. Este ser\u00e1 el credo de nuestros domingos. Ya sea que este fin de semana sea para ti el resto del Sabbat, el D\u00eda del Se\u00f1or, un viernes largo o simplemente una pausa en un cielo sin Dios: sea cual sea el nombre, \u00a1siempre y cuando encontremos estas&nbsp;trufas&nbsp;y&nbsp;todo&nbsp;eso!&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Traducci\u00f3n de la p\u00e1gina de Le Grand Continent: https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/dimanches\/des-truffes-pour-tous\/ El peque\u00f1o catecismo de William Erner\u00ab\u00a1Trufas para todos!\u00bb&nbsp;Carlo Ginzburg&nbsp;y el lema de nuestra \u00e9poca Este ser\u00e1 el credo de nuestros domingos. 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