José Manuel Marhuenda Salazar

 

¡Silencio! Hablan los ojos

"Si supiéramos contemplar la vida con los ojos de Dios, veríamos que en el mundo no hay nada que no sea religioso, que todo tiene su misión en la construcción del Reinado de Dios.

De ahí que quien tenga fe no se conformará con levantar los ojos al cielo para ver a Dios, sino que contemplará la tierra con ojos cristianos.

Si supiéramos contemplar la vida con los ojos de Dios, todo en la vida se nos convertiría en signos, nos tropezaríamos con continuos detalles del amor de un Creador que mendiga el amor de su criatura.

El Padre nos ha puesto en el mundo. Pero no para vivir en él con los ojos adormecidos, sino para ir buscando sus huellas en las cosas, en los acontecimientos, en la gente".

(M. Quoist)

 

  • ¿CON QUÉ OJOS CONTEMPLO EL MUNDO, MI ALREDEDOR, A LA GENTE CON LA QUE ME ENCUENTRO? ¿CON OJOS DE SOCIÓLOGO, DE PSICÓLOGO, DE SIMPLE ESPECTADOR?

  • ¿QUÉ DIFICULTADES ENCUENTRO EN MI VIDA PARA PODER TENER UNA MIRADA COMO LA DE JESÚS?

 

Textos para meditar

"Sobre la mirada de Dios:

Éxodo 3, 7-18

Ex 2, 23-25

Eclo 35, 15-22

Is 58, 7-10

Ez 36, 26-28

 

*Sobre la mirada de Jesús:

Mc 10, 17-22

Mc 3, 1-6

Lc 19, 1-10

Lc 21, 1-4

Lc 7, 36-50

Jn 8, 1-11

Mc 2, 1-12

Mt 9, 20-22

Lc 13, 10-17

Mc 6, 30-34

Lc 6, 17-20

Lc 23, 27-31

Lc 19, 41-44

Jn 19, 25-27

Lc 22, 54-62

 

 

¡Silencio! Hablan los labios

"Señor, ayúdame a acercarme a tu Palabra con un corazón dócil y orante. Que sepa «devorarla» como un hambriento devora su comida.       ,

Que tu Palabra no vuelva a ti vacía, sino que la acoja, y fecunde mis entrañas.

Que tu Palabra habite en mí en toda su riqueza, de modo que yo siempre permanezca en ti, y dé fruto, el fruto que Tú esperas.

Señor, a veces me siento cansado y agobiado por muchas cosas, pero hoy, por tu Palabra, no me rendiré, y echaré las redes de nuevo".

(J. M. Ll.)

 

Que el Dios de Cristo Jesús nuestro Señor, el Padre que está en la gloria, se os manifieste, dándoos un espíritu de sabiduría para que lo podáis conocer. Que os ilumine la mirada interior, para que veáis lo que esperamos a raíz de la llamada de Dios, qué herencia tan grande y gloriosa reserva Dios a sus santos; y con qué fuerza tan extraordinaria actúa en favor de los que creemos. (Ef l, 17s)

 

  • ¿QUIÉN PREDOMINA EN MÍ, MARTA O MARÍA? ¿QUÉ ACTITUDES COMPARTO CON CADA UNA DE ELLAS?

  • ¿ES VII CONTEMPLACIÓN UN NARCISISMO ESPIRITUAL, Y VII ACCIÓN UN PURO ACTIVISMO?

  • ¿ACOSTUMBRO A "PONERME A LA ESCUCHA" DE DIOS?

  • ¿CON QUÉ FRECUENCIA ME ACERCO A LA PALABRA DE DIOS PARA ORAR? ¿EN QUÉ MOMENTOS?

  • ¿DESCUBRO EN LA PALABRA DE DIOS UN MEDIO PARA ENCONTRARME CON EL SEÑOR RESUCITADO?

 

Textos para meditar

 

Lc 10, 38-42

Lc 9, 28-36

Mt 8, 5-13

Lc 5, 1-11

Jn 12, 37-50

Lc 2, 41-52

Lc 3, 21-22

Lc 5, 12-16

Lc 6, 12-16

Lc 9, 18-21

Lc 10, 17-24

Lc 11, 1-13

Lc 22, 31-34

Lc 22, 39~46

Lc 23, 33-49

 

 

¡Silencio! Hablan las manos

Cristo, no tienes manos: tienes sólo nuestras manos para realizar hoy tu tarea.

Cristo, no tienes pies: tienes sólo nuestros pies para guiar a los hombres en su camino.

Cristo, no tienes labios: tienes sólo nuestros labios para anunciar la buena nueva a los hombres de hoy.

Cristo, no tienes recursos: tienes sólo nuestra ayuda para lograr que todos los hombres lleguen a ti v se sientan hermanos.

Nosotros somos la única Biblia que todos los hombres siguen leyendo; somos el único mensaje de Dios escrito en obras y palabras.

(Texto del siglo XVI)

 

  • ¿EN QUÉ MOMENTOS Y CIRCUNSTANCIAS HE EXPERIMENTADO LA MANO AMIGA DE JESÚS SOBRE MÍ?

  • ¿MI SER CRISTIANO ME LLEVA A TRANSMITIR IDEAS 0 DOCTRINAS. O TESTIM0NIA MI EXPERIENCIA DE CRISTO RESUCITADO?

  • ¿ACEPTO LA CRUZ EN EL SEGUIMIENTO DE JESÚS?

  • ¿ESTOY REALMENTE ENAMORADO DE CRISTO?

  • ¿EN QUÉ ACCIONES CONCRETAS CONTRIBUYO A HACER REALIDAD EL REINADO DE DIOS?

 

Textos para meditar

Mt 14, 24-34

Mt 20, 29-34

Mc 1, 40-45

Jn 15, 1-17

Mc 10, 17-31

Lc 24, 13-32

Mt 4, 18-22

Mt 16, 21-28

Mc 1, 14-15

Mc 4, 3-20

Mt 13, 24-50

Mt 25, 14-30

 

 

 

CELEBRACIÓN DE LA RECONCILIACIÓN

 

Si fuese Jesús de Nazaret quien hiciese directamente la introducción a la celebración, seguramente nos diría cosas como éstas:

 

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados

y yo os aliviaré.

Venid a mí y yo daré sentido

a esos esfuerzos de cada día que os agotan.

Os daré serenidad, paz e ilusión.

Seréis curados y curaréis, seréis salvados _y salvaréis.

Yo quiero que viváis con serena intensidad,

disfrutando de los logros, superando las dificultades

y aceptando las limitaciones.

No os acobardéis, valéis más de lo que pensáis.

Yo di mi vida por vosotros.

Poneos en pie, tirad las muletas y andad

No tengáis miedo de Dios, no os angustiéis.

Dios Padre os quiere, hagáis lo que hagáis,

pero desea que seáis felices.

Quiero que salgáis de aquí más contentos que a la entrada

y que nunca perdáis vuestra alegría.

Entrenaos para ser felices eternamente conmigo.

 

RELATO.

*Sacerdote. El Señor Jesús contó un día un relato, una parábola. Empezaba así: Un padre tenía dos hijos, y el más pequeño, que suele ser el más querido y el más mimado, dijo a su padre:

- Grupo A. Dame mi herencia, dame mi cuerpo para comunicarme, para sentir alegría y pena, para sentir gozo aunque también dolor, para ayudar a los demás, para trabajar, estudiar, abrazar, besar, querer.

- Grupo B. Dame mi libertad para buscar lo justo, para luchar por la paz, para liberar a los demás, para elegir lo bueno para ser responsable.

- Grupo C. Dame mi pensamiento para comprender, para pensar bien de los demás, para descubrir cosas nuevas, para juzgar rectamente, para buscar la verdad.

- Grupo D. Dame mi palabra para bendecir, para decir la verdad, para consolar al triste, para proclamar el respeto entre todos, para ser comprendido, para decir a los hombres que somos hermanos.

 

*Sacerdote. Y el padre se lo dio todo porque al fin y al cabo era la herencia del hijo y tenía derecho a ella, aunque no hubiera hecho nada por merecerla. ­Y el hijo se marchó lejos, muy lejos... y malgastó su herencia. Se decía:

- Grupo A. Mi cuerpo es mío y hago lo que quiero con él, lo vendo al amo que más me halaga: a la pereza, a la gula, el seso, el alcohol, la diversión desenfrenada, incluso la droga. Mi cuerpo es mío

- Grupo B. Soy libre y nadie me va a imponer nada, molesto a quien me da la gana, grito cuando quiero, obedezco si me apetece, domino al más débil y al que puedo lo machaco.

- Grupo C. Todos son iguales que yo: aprovechados, caraduras, sinvergüenzas. Todos obramos por dinero, que cada cual se saque las castañas del fuego, hay que saber aprovecharse.

- Grupo D. Lo mejor es engañar y que no te callen. Si te callas te comen, y a mí no me hace callar

nadie.

 

Sacerdote. Bueno, aquí decía un montón de palabras y juramentos, porque estaba de moda, y contaba mentiras y decía cosas falsas de otros para aprovecharse.  La verdad es que ese hijo, después de estropear su fortuna, tuvo hambre y se puso a servir a otros amos, pasó a ser esclavo.

- Grupo A. Esclavo del orgullo, de la ira y la venganza.

- Grupo B. Esclavo del sexo, del alcohol, del tabaco y de la droga.

- Grupo C. Esclavo de las apariencias, de la imagen, del quedar bien.

- Grupo D. Esclavo del capricho, del enfado y de la violencia.

 

*Sacerdote. Cuando no pensaba en su situación, parecía que las cosas no le iban tan mal, reía, jugaba y decía eso de que le dejaran en paz, que en el infierno no se estaba tan mal: incluso creía que eran unos pobres hombres los que no eran esclavos. La verdad es que, cuando pensaba un poco, quería volver a su padre, pero le daba miedo y vergüenza ¡Con qué cara dejaba todo v se presentaba en su casa! Pero un día se decidió. Le diré, pensó:

- Grupo A. Perdón, padre, por buscar mi comodidad sin pensar en los demás, por defender mis opiniones sin escuchar a los demás, por desear muchas cosas que no me hacen falta sin acordarme de los demás, por haber menospreciado a los que no son como yo.

- Grupo B. Perdón, padre, por haberme encerrado en mi egoísmo sin pensar en quienes carecen de todo, por haber despilfarrado v comprado cosas inútiles, por hacerme notar, por lucir más que los otros, olvidándome de otros hermanos y hermanas que incluso pasan hambre.

- Grupo C. Perdón, padre, por mis rencores, mis celos, mis envidias, por todas las piedras que he arrojado a las demás personas, juzgándolas, criticándolas, sonriendo maliciosamente, por encerrarme en mi verdad, por no ver más que lo negativo de las personas, por no apreciar y mejorar lo bueno, lo bonito... por no cultivar todas mis posibilidades...

- Grupo D. Perdón, padre, por no haber dado testimonio de amor en mi vida diaria, por no haber rendido todo lo que puedo en mi trabajo, por no haber participado con fe y amor en la celebración comunitaria de la Eucaristía.

 

* Sacerdote. Y cuando el padre oyó todo aquello, mejor, antes de que el hijo dijera una palabra, le abrazó y celebró con aquel hijo una fiesta, una fiesta estupenda, a la que fueron invitadas muchas personas, porque decía el padre: «Este hijo mío estaba muerto, pero ha resucitado».

 

ORACIÓN COMUNITARIA

Confieso ante Dios y ante todos vosotros que he puesto obstáculos al plan de Dios, a la construcción del prójimo y a mi propia realización, con mis actos negativos y con mis omisiones. Por lo cual, necesito ser perdonado y reconstruido por Dios. En consecuencia, ruego a todos los creyentes que han alcanzado ya la plenitud de la vida, especialmente a María, la madre de Jesús, y a vosotros, compañeros míos, que pidáis por mí al Padre

por medio de Jesucristo, nuestro Señor

 

ORACIÓN. “ME PONDRÉ EN CAMINO ADONDE ESTÁ MI PADRE” (Lc 15,11-32)

 Gracias Señor por la parábola del hijo recuperado; es tan sencilla, tan humana, pero tan desconcertante... ¿Es posible que el Dios vivo y verdadero sea así? ¿ese padre tan respetuoso con los hijos, tan entregado a ellos, tan ilusionado con la vida familiar, tan loco de amor ...? La verdad es que me cuesta creerlo. Si no fuera porque eres tú, Jesús, quien ha construido este retrato del Padre... no lo aceptaría. Nuestro "dios", el de nuestra imaginación, o el que a veces hemos percibido en la misma Iglesia, tiene otras caras. Es un "dios" al que hay que camelar, con innumerables recomendaciones e influencias. Nuestro "dios" es un ser vengativo: está observando nuestra vida para castigarnos; a veces incluso se complace en el sufrimiento, es una especie de ser sádico que ama el dolor, y necesita ser compensado y reparado. Nuestro "dios" es una dulce droga para soñar, y amortiguar la miseria de esta vida. El Padre de la parábola no es nuestro "dios"; es el Dios tuyo, Jesús: con el que tú dialogabas llamándole tiernamente «Padre», el que te llevó a vivir la realidad de la vida, el que te inspiró el respeto a cada persona, el que te comprometió a curar a los enfermos, el que te impulsaba a abrir los ojos a los fanáticos, el que te dio valor para rechazar el comercio religioso, el que te puso siempre al lado del débil, «el Dios de la misericordia y no del sacrificio», el que te llenó de esperanza hasta más allá de la muerte. Hoy, Señor, quiero ponerme en camino hacia donde está el verdadero Dios y Padre. Yo, que soy un egoísta redomado, que intento vivir sólo para mí, que no creo en la casa acogedora y tolerante del Padre, que guardo rencores añejos, que no me comprometo desinteresadamente en casi nada. Ahora, Señor, te pido, como el hijo pródigo:  que me acojas en la casa del Padre, que me cambies el corazón de piedra,  que me des un corazón de hijo y de hermano, como el tuyo, Jesús. (Rufo González)

 

ORACION: «PARA ESTAR CONTIGO»

Para estar contigo,

me libero de mi alforja (mis preocupaciones);

me quito las gafas (mis visiones);

olvido mi agenda (mis negocios);

guardo la pluma en el bolsillo (mis planes);

arrincono el reloj (mi horario);

me despojo de mi ropa (mis ambiciones),

me desprendo de mis joyas (mis vanidades);

renuncio a mi anillo (mis compromisos);

me quito los zapatos (mis ansias de huida);

dejo, también, mis llaves (mi seguridad)

para estar sólo contigo, el único verdadero Dios.

Y, después de estar contigo...

Tomo las llaves, para poder abrir tus puertas.

Me calzo los zapatos, para andar por tus caminos.

Me coloco el anillo, para comprometerme contigo.

Me adorno con las joyas, para asistir a tu fiesta.

Me visto la ropa, para salir a tu amplio mundo.

Recupero mi reloj, para vivir al compás de tu tiempo.

Cojo mi pluma, para escribir tus pensamientos.

Recobro la agenda,

para no olvidar tus citas conmigo, mis citas contigo,

a lo que soy muy propenso.

Me pongo las gafas, para poder ver el mundo a tu modo.

Y cargo con mi alforja, para llevar v sembrar tus promesas.

 

ORACIÓN FINAL

Te damos gracias, Señor, porque ha llovido en nuestro seco corazón.

Tú eres nuestro modelo, nuestra energía y la meta que ansiamos.

Que la frescura de tu amistad fecunde nuestras vidas para que sepamos ser siempre mano que acaricia.