¿Tiene sentido aún el concepto de persona?
Con la respuesta de Juan José Garrido a esta pregunta concluyó el pasado sábado 23 de mayo el seminario de formación de este curso en el que hemos abordado algunas de las cuestiones sobre el transhumanismo.
Planteó el problema desde la constante preocupación de la filosofía acerca de qué sea el hombre. El hombre contemporáneo en una cultura fragmentada y en crisis. Expuso las tres perspectivas fundamentales o maneras de entender al hombre.
«El hombre como ser natural» que es la visión del pensamiento científico.
Esta naturalización del ser humano tiene hondas repercusiones éticas. De hecho, hacer del hombre una pieza más de la naturaleza y no conocer en él ninguna dimensión que la transcienda, supone «la devaluación de todos los valores», esto es, la negación de todo sentido. La razón científica se prohibirá ocuparse de los valores éticos, religiosos o estéticos por la sencilla razón de que no son datos del mundo de la experiencia, ni estados de cosas, ni hechos observables y medibles.
«El hombre como historia»; que pone en cuestión la visión cientifista y al tiempo deriva en un individualismo narcisista.
Con el concepto de «historicidad» lo que se quería dejar bien claro, entre otras cosas, era que el hombre no es una «cosa», una pieza más en la naturaleza, un simple factum, sino un ser indeterminado y libre, un quehacer interminable abierto a todas las posibilidades. Pero con esta idea se puso también de relieve su inevitable condición de ser situado en el tiempo y en el espacio; su facticidad y contingencia, su incapacidad para sustraerse de las condiciones de un pasado que lo ha moldeado y que le hace ver el mundo y las cosas desde una perspectiva determinada; su imposibilidad de alcanzar una certeza valedera y una verdad universal.
Por último «el hombre como dignidad»:
«Otra manera de entender al hombre atraviesa también nuestra cultura. Es en gran medida heredera de la tradición cristiana, se prolonga en lo mejor de la Ilustración, y ha dado lugar a doctrinas personalistas, como la de E. Mounier, a todo tipo de humanismos que propugnan la dignidad del ser humano y a sistemas éticos empeñados en superar el relativismo y en buscar unos derechos y valores universales que sean patrimonio del ser humano sin más, y cuya validez transcienda las situaciones históricas y las culturas particulares.»
En su texto Concepciones actuales del hombre, de imprescindible lectura, se exponen estas respuestas al misterio del hombre en nuestra cultura «y las consecuencias éticas que se derivan de ellas». Y todo nos lo presenta Juan José Garrido con esa claridad que es la cortesía del filósofo (Ortega).

